Autoras: Jimena Calvo; Maria Marta Mokobodzki Ongaro; María Florencia Merino.

Resumen ejecutivo:
El estudio analiza el funcionamiento y las perspectivas de los mercados voluntarios de carbono y biodiversidad, así como de las certificaciones ambientales, con foco en el sector agropecuario argentino y su potencial para la transición hacia prácticas regenerativas. Se describen actores, costos, procesos, estándares y regulaciones relevantes, además del estado incipiente del mercado local. También se abordan instrumentos financieros orientados a sostenibilidad y el rol de certificaciones como estrategia intermedia para acceder a mercados y fortalecer capacidades productivas.
El trabajo identifica barreras estructurales para pequeños productores agrícolas: costos elevados de diseño y certificación de proyectos (en torno a USD 80.000 o más), necesidad de escala mínima (p. ej. > 1.000 ha) para lograr retornos viables, precios de créditos volátiles y relativamente bajos (aprox. USD 6–12 por unidad), escaso desarrollo del mercado argentino y baja disponibilidad de metodologías adaptadas al agro. Frente a ello, el estudio plantea que las certificaciones y sellos voluntarios pueden constituir un paso intermedio para acceder a mercados, mejorar competitividad y construir capacidades en monitoreo, cumplimiento y trazabilidad.
A continuación, se sintetizan sus principales hallazgos:
El estudio identificó una serie de desafíos estructurales que limitan el acceso y el escalamiento de proyectos de pequeños productores agropecuarios orientados a la producción regenerativa dentro de mercados ambientales, particularmente en el contexto argentino.
En primer lugar, se observan barreras asociadas a la complejidad técnica y a los costos de entrada. La formulación de proyectos elegibles para estándares internacionales de mercados ambientales exige la contratación de consultoras especializadas para el diseño, la cuantificación y la certificación, lo que puede superar los USD 80.000 por proyecto, sin considerar la inversión adicional para implementar mejoras productivas en el terreno. Este umbral económico excluye a actores de menor escala o con limitada capacidad financiera.
En segundo lugar, los modelos de negocio vinculados a estos instrumentos requieren niveles mínimos de escala territorial y de volumen de impacto ambiental, por lo general superiores a las 1.000 hectáreas, para generar reducciones o capturas que habiliten un retorno financiero viable. Dicho retorno depende del volumen de certificados ambientales emitidos y su precio en el mercado, que suele fluctuar entre USD 6 y USD 12 por unidad, valores que en muchos casos no alcanzan para compensar los costos de estructura, certificación y transacción.
Un tercer desafío radica en la baja profundidad del mercado local. A diferencia de Europa y otros mercados más maduros, los mercados ambientales en Argentina y, en general, en América Latina continúan en una fase incipiente, con predominio de esquemas voluntarios, limitada regulación y marcos institucionales fragmentados. Sectores con alto potencial de contribución —como la agricultura regenerativa— aún no cuentan con metodologías plenamente adaptadas a sus particularidades, al contrario de lo observado en sectores como energías renovables o reforestación.
Ante estas limitaciones, se identificó una estrategia intermedia más accesible para pequeños productores a través de certificaciones y sellos sostenibles voluntarios orientados a mercados internacionales. Estas herramientas facilitan el acceso comercial y fortalecen capacidades vinculadas al cumplimiento de requisitos, la trazabilidad, el monitoreo y la mejora continua. Entre las más demandadas se encuentran GlobalG.A.P., HACCP y BPA (Norma IRAM 14110, SENASA), junto con certificaciones orgánicas (SENASA, USDA, EU Organic, ROC), de comercio justo (Fairtrade, Fair for Life), uso responsable del suelo (LEAF, Rainforest Alliance) y huellas ambientales (ISO 14064, 14067, 14046). Asimismo, existen esquemas específicos asociados a determinadas economías regionales.